A menudo se habla de las abejas en primavera.
Se las asocia con las flores, la miel, el verano.
Pero se habla mucho menos de su desaparición.
En Suiza, la situación es más grave de lo que se imagina. Casi todas las colonias de abejas melíferas que viven en estado salvaje han desaparecido. Hoy en día, la mayoría de las abejas melíferas que conocemos solo sobreviven porque son mantenidas por el hombre.
Cada año, se pierde aproximadamente una de cada cinco colonias productivas. Y entre las abejas solitarias salvajes, casi la mitad de las especies están amenazadas.
Estas cifras no están para dramatizar.
Están para recordar una realidad: el equilibrio se ha roto.
El papel invisible de las abejas
Cuando desaparece una colonia de abejas, no es solo miel lo que se pierde.
La polinización que aseguran se considera ecológica y económicamente más importante que la producción de miel en sí misma. Sin ella, los huertos producen menos, los cultivos escasean, las plantas silvestres disminuyen. Y detrás de ellas, los insectos, los pájaros y toda la cadena alimentaria.
Una colonia de abejas no es un simple grupo de insectos. Es un verdadero superorganismo, en interacción constante con decenas de otras especies, cientos de ácaros, miles de microorganismos.
Las abejas melíferas son un muy buen indicador biológico local.
La abeja es un pilar discreto de la biodiversidad.
Y cuando este pilar se debilita, todo el edificio tiembla.
Una crisis con causas múltiples
Sería tranquilizador señalar a un solo responsable.
La realidad es más compleja.
La agricultura intensiva juega un papel fundamental: pesticidas, monocultivos, desaparición de los prados naturales, «huecos de néctar» donde ya no hay recursos florales disponibles. Las abejas no mueren solo por envenenamiento. También mueren de hambre.
La silvicultura moderna ha reducido el número de árboles huecos, eliminando las cavidades naturales indispensables para las colonias silvestres. La urbanización avanza, los suelos se artificializan, los paisajes se fragmentan.
Pero hay un punto que resulta especialmente preocupante:
La apicultura misma.
FreeTheBees habla de un paralelismo con la ganadería intensiva. Densidad excesiva de colonias, alimentación con azúcar, selección artificial, importación de razas más «productivas», tratamientos médicos sistemáticos: estas son las consecuencias de la fuerte presión ejercida sobre la producción de miel. Porque detrás de cada pequeña cucharada de miel se esconde el trabajo de toda una vida de abeja.
En la naturaleza, se observan de 1 a 5 colonias por km². En algunas regiones suizas, se encuentran de 10 a 20 en unos pocos metros cuadrados. Esta concentración favorece la transmisión de enfermedades, la competencia con las abejas silvestres y debilita todo el sistema.
La constatación es dura: al intentar proteger y rentabilizar la abeja, hemos interrumpido millones de años de evolución natural. Las colonias se vuelven dependientes, menos capaces de adaptarse por sí solas.
Una paradoja incómoda
Durante mucho tiempo pensamos que «más colmenas» significaba «más protección». Pero una densidad demasiado alta de abejas melíferas puede restringir la biodiversidad y poner en peligro a las abejas silvestres. Esta paradoja rara vez se menciona.
El problema no es simplemente el número de abejas. Es la manera en que las integramos en nuestros ecosistemas.
Otra visión: devolver a la abeja su lugar justo
Ante esta situación preocupante, algunas voces proponen aumentar aún más el número de colmenas. Otras apuestan por más tratamientos, más control.
FreeTheBees elige un camino diferente.
FreeTheBees es una asociación suiza sin fines de lucro que trabaja desde hace varios años en una cuestión fundamental: ¿y si el problema no proviniera solo del medio ambiente... sino también de nuestra manera de considerar a la abeja?
Su constatación es clara: la abeja melífera hoy se trata casi exclusivamente como un animal de renta. Una unidad de producción. Una colonia a optimizar. Sin embargo, las investigaciones y observaciones presentadas en sus trabajos muestran que en estado natural, la abeja es un animal salvaje, autónomo, capaz de adaptarse, siempre que se le permita.
Para FreeTheBees, la supervivencia a largo plazo pasa por una idea simple, pero ambiciosa:
La abeja debe poder volver a ser salvaje.
Una estrategia en varias dimensiones
La asociación FreeTheBees actúa en varios frentes complementarios.
Primero, en el plano ecológico:
– Fomentar el retorno de cavidades naturales (árboles huecos, cajas nido pasivas)
– Mejorar la diversidad floral
– Restaurar hábitats propicios para una vida autónoma
Luego, en el plano científico y jurídico:
FREETHEBEES defiende que la abeja melífera sea reconocida tanto como animal de renta como animal salvaje, una distinción confirmada desde 2015 a nivel federal. Este reconocimiento es esencial para permitir la protección de colonias que viven sin intervención humana.
Finalmente, en el plano apícola:
El objetivo no es enfrentar a los apicultores con la naturaleza, sino transformar progresivamente las prácticas. Reducir la densidad excesiva, limitar las intervenciones sistemáticas, aceptar una parte de selección natural, devolver un lugar al enjambrazón, son palancas para restaurar la adaptabilidad de las colonias.
El desafío es grande porque en un contexto de calentamiento climático y transformaciones rápidas de los ecosistemas, solo las poblaciones capaces de evolucionar y adaptarse podrán sobrevivir de manera duradera.
Una abeja mantenida artificialmente con vida no es una solución a largo plazo.
Una abeja capaz de adaptarse, sí.
Un proyecto local, un impacto real
Hoy en día, ningún proyecto Free The Bees está aún implantado en Ginebra.
Entonces hemos elegido actuar aquí.
Con Little Bee, celebramos a la abeja como un símbolo de delicadeza, equilibrio y fuerza colectiva. Una colección concebida como un homenaje a la vida, a esas pequeñas arquitectas invisibles de las que depende nuestro ecosistema.
Pero un símbolo, por fuerte que sea, no es suficiente.
En la continuidad de Little Bee, quisimos transformar esta intención en compromiso. Apoyar, junto a Free The Bees, la creación de un proyecto local en Ginebra, para favorecer el regreso de colonias más autónomas y participar concretamente en la restauración de la biodiversidad en nuestra región.
Así, cada pieza de la colección va más allá del marco estético.
Se convierte en un gesto comprometido.
Una contribución real a un cambio local.
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