Volver a lo esencial: conociendo a FreeTheBees
En el marco del proyecto Save The Bees, nacido en resonancia con nuestra colección Little Bee, tuvimos el privilegio de conocer al presidente de la asociación FreeTheBees, el señor André Dunand. Fue a lo largo de su sendero de descubrimiento en Vaulruz, en medio de los suaves paisajes de la Gruyère, donde este intercambio cobró vida. A través de este encuentro, se revela otra visión: más respetuosa, más consciente y profundamente arraigada en lo vivo.
La asociación FreeTheBees
FreeTheBees nació de un profundo cuestionamiento de la apicultura convencional, impulsado especialmente por André Wermelinger, quien fue apicultor durante muchos años. Con el tiempo, y gracias a su contacto directo con las abejas, se dio cuenta de que existían incoherencias en las prácticas apícolas tradicionales y, sobre todo, de que era posible hacerlo mejor.
Identificó cuatro críticas principales. La primera era el carácter demasiado intensivo de la apicultura. La segunda, que la producción de miel se había convertido en la prioridad, en detrimento del bienestar de las propias abejas. La tercera se refería al hecho de que, cuando se extrae la miel, esta suele ser reemplazada por azúcar industrial, algo totalmente inadecuado para las abejas. Y la cuarta era el uso excesivo de tratamientos químicos, que le indignó profundamente.
Fue a partir de esta toma de conciencia que nació FreeTheBees, con la intención de proponer un enfoque diferente, más respetuoso del funcionamiento natural de las abejas.

¿Qué motivó su compromiso personal con esta iniciativa y qué visión guía hoy su misión?
Siempre he estado muy cerca de la naturaleza, con una sensibilidad real hacia estos temas. Pero durante mucho tiempo, mis actividades profesionales y personales no me permitieron comprometerme de verdad. Fue en el momento de mi jubilación cuando finalmente pude dedicar tiempo a aquello que siempre había querido hacer. Conocí FreeTheBees durante una conferencia y muy rápidamente conecté con su misión y su visión. Realmente correspondía con la manera en que veo la naturaleza y el mundo.
Este compromiso también fue una forma de dar vida a una parte de mí que había permanecido algo dormida. Hoy, lo que guía nuestra misión es, sobre todo, la idea de proteger a las abejas respetando su forma natural de vida y replanteando las prácticas que las afectan.
Su organización se centra específicamente en las abejas melíferas silvestres. ¿Por qué es importante esta distinción?
Tomamos esta decisión porque las abejas melíferas están directamente afectadas por las prácticas apícolas convencionales. Son ellas las que sufren tratamientos, manipulaciones y cambios en su alimentación y en su modo de vida. Por eso requieren una atención particular. Observamos que estas prácticas generan problemas reales y que era necesario intervenir con soluciones concretas.
Por supuesto, actualmente muchas especies de abejas están en peligro. Pero no podíamos abordarlo todo al mismo tiempo. Por ello elegimos centrarnos en la abeja melífera, porque es ahí donde podemos tener el mayor impacto, proponiendo alternativas a las prácticas actuales y mejorando su situación de manera muy concreta.
Muchas iniciativas fomentan instalar más colmenas para ayudar a las abejas. ¿Cuál es su visión sobre este enfoque?
Hoy es importante entender que ya existe una cantidad muy grande de colmenas. En Suiza hay alrededor de 18.000 apicultores, una cifra muy elevada, y eso se traduce en una densidad de colmenas muy alta en todo el territorio. Si comparamos esto con la naturaleza, la diferencia es sorprendente: en un entorno natural, generalmente hay entre una y cinco colonias por kilómetro cuadrado. Hoy, en algunas zonas, se puede llegar fácilmente a unas veinte colmenas por kilómetro cuadrado. La proporción es, por tanto, extremadamente alta.
A partir de ahí, podemos preguntarnos si realmente tiene sentido añadir aún más colmenas. Para nosotros, la respuesta es más bien no. Ya existen suficientes colonias. El desafío actual no es aumentar su número, sino centrarse en la calidad de vida de las abejas. Esto implica actuar sobre otros factores: más naturaleza, más biodiversidad, mejores condiciones de vida. Hay muchísimo por hacer más allá del simple hecho de instalar nuevas colmenas.

Su trabajo pone de relieve la importancia de los hábitats naturales, especialmente las cavidades en los árboles. ¿Por qué son tan importantes estos entornos para su supervivencia?
Originalmente, las abejas viven en hábitats naturales como cavidades en los árboles. Por razones prácticas, los seres humanos acercaron a las abejas a su entorno, especialmente para facilitar la producción de miel, y por ello crearon colmenas, que en realidad son estructuras artificiales.
Aquí aparece una diferencia fundamental. Los hábitats naturales son redondos y orgánicos, mientras que las colmenas que utilizamos son cuadradas. Puede parecer un detalle menor, pero en realidad cambia muchas cosas. En una estructura cuadrada, con ángulos rectos, la circulación del aire es mucho más limitada. Esto crea zonas estancadas, favorece la humedad y a menudo observamos la aparición de moho. Y, evidentemente, esos mohos tienen un impacto directo en la salud de las abejas.
Por el contrario, en un hábitat natural como el tronco de un árbol, el aire circula de una forma mucho más fluida y natural. También existe otra gran diferencia: el grosor de las paredes. En un árbol, las paredes pueden tener entre 8 y 10 cm de grosor, mientras que en una colmena convencional suelen estar entre 3 y 4 cm. Esta diferencia desempeña un papel esencial en la regulación de la temperatura. En un hábitat natural, la temperatura permanece mucho más estable, tanto en verano como en invierno. En una colmena convencional, las abejas están expuestas a variaciones mucho más fuertes: demasiado calor en verano y demasiado frío en invierno.
Esto tiene consecuencias directas. Por ejemplo, en un hábitat natural, una colonia necesita solo entre 4 y 5 kg de miel para pasar el invierno, porque el entorno conserva mejor el calor. En una colmena convencional, esta necesidad puede superar los 20 kg. Esto demuestra claramente hasta qué punto el hábitat influye en la forma en que viven las abejas, en su consumo de energía y, por lo tanto, en su supervivencia.
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Dans cette deuxième partie de l’entretien, André Dunand explique l’approche unique de FreeTheBees, l’urgence de protéger les abeilles et les projets menés pour restaurer leurs habitats naturels.


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